Somos el producto de lo que comemos, decía Arnold, y tenía razón…
Tenemos a nuestra disposición una vasta lista para poder elegir los alimentos que día a día consumimos para nuestra sustentación, pero la gran mayoría de las veces priorizamos la comodidad para prepararlos y comerlos ante su verdadera eficiencia.
A continuación detallo algunas estrategias nutricionales que, en caso de aplicarlas, redundarán en un beneficio constatable a corto plazo.
Ante nada debemos tener presente que nuestros cuerpos son como lucen debido a que tienen la increíble capacidad de adaptarse a las circunstancias que les toca vivir. Una persona común en condiciones de vida sedentaria no necesita ni que su índice graso esté balanceado ni que su tono muscular sea el mejor porque obviamente su organismo no lo necesita. Todo lo contrario sucede cuando alguien está sujeto a exigencias físicas. La economía del organismo destinará por lógica mayores y mejores recursos al segundo que al primero y en definitiva, la forma física, la armonía, la simetría y hasta la salud serán sensiblemente diferentes en un caso y en el otro.
Lo que entra a nuestro sistema digestivo es, en cada caso un aporte a nuestras necesidades, pero una cultura alimenticia tradicional y equivocada es la principal responsable que se le otorgue al organismo erróneamente lo que necesitamos y lo que no en cada una de las ingestas del día.
Sin ánimo de polemizar en forma alguna ni con nutricionistas ni con los autores de la variada bibliografía que existe de esta temática, me voy a limitar a poner de manifiesto algunas pautas ya probadas y comprobadas que me han dado tanto a mí como a otros buenos resultados durante mucho tiempo.
Como premisa fundamental debemos considerar que los alimentos no procesados de origen natural deben ser la base de la dieta y deberían contar con el monopolio de nuestra alimentación. Esto deja fuera del escenario a los procesados platos con los que fuimos servidos desde nuestra primera infancia inclusive. La tradicional y desordenada comida ibero-itálica que forma parte importante de nuestra cultura nutricional puede ser muy sabrosa, pero con el correr del tiempo pueden ser responsables de desordenes de salud y de sobrepeso. Como si esto fuera poco no cesamos en la búsqueda de problemas a largo plazo consumiendo representaciones de otras latitudes, como Hamburguesas, Embutidos, Enlatados y todo tipo de comida chatarra, y eso sin contar con las golosinas los postres y bebidas inapropiadas.
La propuesta para contrarrestar las consecuencias de una alimentación desordenada es muy simple, sencillamente hay que retornar a los orígenes, la comida que la naturaleza ya tiene pronta para nosotros, y de acuerdo a nuestros objetivos, deberemos ordenar estos recursos de forma tal como para que nos brinden un beneficio real y nuestras ingestas sean realmente provechosas.
En la próxima publicación voy a abordar el tema de los objetivos y las dietas…
Raúl González Melian
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