Nuestra cultura alimentaria lamentablemente no está orientada a otorgarnos los nutrientes necesarios en el momento justo, generalmente nuestros desayunos, almuerzos meriendas y cenas, tal cual los conocemos, están formalizados como un protocolo en el cual nos servimos platos tradicionales con cantidades abusivas de sal y grasas, en los cuales cumplir el trámite de la comida comparte el objetivo junto con el sabor, dejando en un alejado segundo plano los valores nutricionales de los alimentos. Debido a la enorme cantidad de problemas de varias índoles que una alimentación defectuosa les ha causado a sus consumidores, se ha generado una conciencia redentora en la cual se pretende organizar las ingestas eludiendo aquellos alimentos poco convenientes, y haciendo énfasis en los que se consideran más saludables. Concluyamos que los considerados como los más saludables son los que, o tienen origen natural, o por lo menos son poco procesados . Diversas tendencias se pusieron entonces “de moda” intentando sugerir un plan eficiente de alimentación. Sin embargo, es importante tener en cuenta que lo que es bueno para unos quizá no lo sea para otros, por lo que intento dejar de manifiesto en este artículo que las dietas no son recetas milagrosas en las que dejamos los alimentos malos y solo nos dedicamos a los buenos, y que además un patrón de alimentación genera idénticos resultados en todos los que lo siguen, particularmente esto último es un mito… Cuando se habla de “dieta” incluso todavía existen quienes piensan que es sinónimo de dejar de comer, o de hambre, cuando realmente “Dieta” significa un plan de alimentación acorde a las necesidades de cada uno, y no necesariamente compartible. Para comenzar un plan de alimentación eficiente deberíamos partir de una premisa fundamental “Comer lo que se necesita, cuando se necesita…” La cuestión es qué es lo que necesito, y cuando lo necesito, y la respuesta no es tan simple, ya que tanto lo que necesito como cuando lo necesito son variables permanentes que oscilan de acuerdo a la condición de nuestro organismo… Para poder responder tenemos que saber fehacientemente dos cosas, PRIMERO: Donde estamos. SEGUNDO: A donde queremos llegar… El “Donde estamos” es el conocimiento de nuestro estado físico y de nuestras posibilidades para mejorarlo, mientras que el “A donde queremos llegar” es la definición de un objetivo, que puede ser por ejemplo la baja de peso corporal, o quizá el intercambio graso-muscular. Para lograr ese objetivo es imperativo conocer primero “Donde estamos” y luego establecer metas cercanas, cuyas sumatorias nos conducirán al objetivo final, que es el de una alimentación aplicada, que nos llevará directamente a gozar de una vida mucho más saludable. Derribemos los mitos, ordenemos conceptos, y dejemos de lado las tradiciones. El objetivo es lograr que la comida de cada día nos otorgue el aporte justo para nuestras necesidades. Las comidas de cada día no son cuatro sino seis, 1)Desayuno, 2) Ingesta de media mañana, (llamada “Colación” por los modernos nutricionistas), 3) Almuerzo, 4) Ingesta de media tarde (otra “colación”), 5) Merienda, 6) Cena. Obviamente esto no significa comer opíparamente en cada una de las ingestas, sino que en cada una de estas instancias otorgarle al sistema digestivo un aporte. Hace decenas de miles de años, la comida no era precisamente abundante, el ser humano debía competir con su entorno por el alimento, y de hecho se transitaba por largos períodos de ayuno. Cuando por fin se encontraba el alimento se consumía ávidamente en su totalidad, para aplacar el hambre acumulada. Tal circunstancia llevaba a que nuestro sistema digestivo asimilara todo lo que tenía que tratar, aportando una parte al organismo para las necesidades inmediatas y reservando en forma de grasa corporal el resto, para poder afrontar de esa forma otro quizá largo período de ayuno. Durante miles de años nuestro sistema digestivo funcionó igual, por ende genéticamente tenemos la predisposición de acumular en grasa las calorías excedentes de nuestra dieta, y esa es la razón por las que la gente engorda. El sistema digestivo está tan ansioso de cumplir su función que cuando recibe en forma espaciada los alimentos hace reservas importantes, considerando que pasará otro largo período de tiempo sin recibir aportes. El secreto de las ingestas es justamente “confundir” la predisposición genética de la reserva de grasas. Cuando el alimento es abundante no es necesario reservar, por lo que no se genera acumulación de adiposidad, pero esto solo funciona si las ingestas son moderadas. En la próxima continúo con los valores nutricionales de los alimentos y el orden de las ingestas según su clase, Carbohidratos Grasas y Proteínas.
Mancuernas barras y discos, una hermosa trilogía bien capaz de dejar tu sistema muscular muy bien congestionado, pero también bien capaz de ocasionar lesiones de diferentes índoles si no tenemos ciertas precauciones. Cuando manejamos peso libre, las posturas asumen un rol muy importante y comparten el protagonismo con el mismo peso inclusive. Es impensable por ejemplo hacer vuelos laterales para fortalecer los deltoides sin poner a salvo a la columna vertebral flexionando ligeramente las rodillas. La flexión de las rodillas absorberá en forma importante los errores que cometamos cuando levantamos pesas oficiando como fusible. Si las piernas están rígidas no tenemos la movilidad necesaria para compensar y nuestro eje se resiente, pero con solamente 5 grados de flexión las cosas cambian y los vaivenes de la carga fugan por la articulación flexionada. Idem para el trabajo de bíceps con mancuernas.
Salven su columna siendo cuidadosos con las posturas, ya que cierto tipo de lesiones solo las arregla el cirujano. Las pesas los ayudarán sin dudas para cualquier objetivo que quieran plantearse, pero si las tratan irrespetuosamente se tomarán una terrible venganza...
Somos el producto de lo que comemos, decía Arnold, y tenía razón… Tenemos a nuestra disposición una vasta lista para poder elegir los alimentos que día a día consumimos para nuestra sustentación, pero la gran mayoría de las veces priorizamos la comodidad para prepararlos y comerlos ante su verdadera eficiencia. A continuación detallo algunas estrategias nutricionales que, en caso de aplicarlas, redundarán en un beneficio constatable a corto plazo. Ante nada debemos tener presente que nuestros cuerpos son como lucen debido a que tienen la increíble capacidad de adaptarse a las circunstancias que les toca vivir. Una persona común en condiciones de vida sedentaria no necesita ni que su índice graso esté balanceado ni que su tono muscular sea el mejor porque obviamente su organismo no lo necesita. Todo lo contrario sucede cuando alguien está sujeto a exigencias físicas. La economía del organismo destinará por lógica mayores y mejores recursos al segundo que al primero y en definitiva, la forma física, la armonía, la simetría y hasta la salud serán sensiblemente diferentes en un caso y en el otro. Lo que entra a nuestro sistema digestivo es, en cada caso un aporte a nuestras necesidades, pero una cultura alimenticia tradicional y equivocada es la principal responsable que se le otorgue al organismo erróneamente lo que necesitamos y lo que no en cada una de las ingestas del día. Sin ánimo de polemizar en forma alguna ni con nutricionistas ni con los autores de la variada bibliografía que existe de esta temática, me voy a limitar a poner de manifiesto algunas pautas ya probadas y comprobadas que me han dado tanto a mí como a otros buenos resultados durante mucho tiempo. Como premisa fundamental debemos considerar que los alimentos no procesados de origen natural deben ser la base de la dieta y deberían contar con el monopolio de nuestra alimentación. Esto deja fuera del escenario a los procesados platos con los que fuimos servidos desde nuestra primera infancia inclusive. La tradicional y desordenada comida ibero-itálica que forma parte importante de nuestra cultura nutricional puede ser muy sabrosa, pero con el correr del tiempo pueden ser responsables de desordenes de salud y de sobrepeso. Como si esto fuera poco no cesamos en la búsqueda de problemas a largo plazo consumiendo representaciones de otras latitudes, como Hamburguesas, Embutidos, Enlatados y todo tipo de comida chatarra, y eso sin contar con las golosinas los postres y bebidas inapropiadas. La propuesta para contrarrestar las consecuencias de una alimentación desordenada es muy simple, sencillamente hay que retornar a los orígenes, la comida que la naturaleza ya tiene pronta para nosotros, y de acuerdo a nuestros objetivos, deberemos ordenar estos recursos de forma tal como para que nos brinden un beneficio real y nuestras ingestas sean realmente provechosas. En la próxima publicación voy a abordar el tema de los objetivos y las dietas…
Quienes me conocen desde hace mucho saben bien la afinidad que tengo por el deporte. Lamentablemente por circunstancias inherentes a la salud de mis padres tuve que postergar mi entrenamiento para dedicarles todo mi tiempo en pos de su bienestar, ante una situación de dependencia extrema. Hoy la situación se continúa, pero para lograr sobrellevarla lo mejor posible decidí ocuparme un poco de mi, utilizando apenas media hora por día para intentar hacer lo que toda la vida hice y promulgué, el cuidado del envase en el que venimos a este mundo. En la foto estoy en el Gimnasio Perfil, en Gianattasio, excelentes instalaciones, ojalá las hubiese tenido yo cuando me dediqué profesionalmente a esto. Ahora con solo 30 minutos por día voy a intentar retomar mi estado físico con intención de salvaguardar mi salud y mi ajetreada autoestima. Hoy a mis 53 años la meta aunque parezca imposible es recuperarme y lograr estar igual que a los 35. Para esto diseñé un método inteligente de entrenamiento basado en la memoria muscular y en las prioridades. Además diseñé una dieta acorde con la estrategia de la que más adelante hablaré. La idea es transmitir a los interesados los fundamentos que los puedan ayudar a recuperarse también de la misma forma en la que yo lo voy a hacer. Tengo una noticia para los incrédulos, verdaderamente es posible, y el único límite está en nosotros mismos. Es una simple cuestión de voluntad, solo hay que proponérselo y ser constantes en el esfuerzo. Los resultados llegarán sin dudas, a corto mediano o largo plazo mejoraremos físicamente, y esa mejoría redundará en nuestra salud y en nuestra autoestima. Si queremos ayudar a quienes están en nuestro entorno debemos también ayudarnos a nosotros mismos porque si no estamos bien, saludables y con buen ánimo, no podremos hacer mucho por los demás.